
Cuando hablamos en términos constructivos, nos referimos a la Bioconstrucción como un sistema de edificación que se basa en la utilización de materiales de bajo impacto ambiental, eclógicos, reciclables y extraídos mediante procesos sencillos y de bajo coste. Con la utilización de este tipo de materiales, obtendremos edificios ecológicos con menor coste de fabricación e impacto ambiental.
El acto de construir y edificar genera un gran impacto en el medio que nos rodea. La Bioconstrucción persigue minimizarlo construyendo con la naturaleza y no a costa de ella, de modo que se satisfagan las necesidades de las personas y del entorno.
Nuestra vivienda debe adaptarse a nosotros como una tercera piel y para ello debe de ser construida bajo los siguientes criterios:
Una buena Orientación, que nos lleve a orientar preferiblemente nuestra casa hacia el sur de manera que nos permita minimizar la radiación solar cuando sea excesiva y aprovecharla cuando ésta sea más escasa.
La localización de la vivienda en la que la energía del suelo y las actividades humanas no sean alteradas si no que aumente su nivel de energía. Un edificio sano, por tanto, debe estar construido en un entorno tranquilo, libre de fallas y corrientes subterráneas, y no debe alterar el campo magnético natural. Cabe tener presente que las rocas graníticas emanan radón, que se puede acumular en las viviendas que no estén bien ventiladas. Un hogar ecológico jamás debe de ser ubicado donde la presencia humana pueda afectar a un ecosistema determinado.
La distribución de los espacios y electrodomésticos teniendo en cuenta las radiaciones solares y eléctricas.
Gestionar el agua ahorrando en su consumo y devolviéndosela a la naturaleza imitando los sistemas de depuración natural.
Gestión de la energía basándose en tres principios fundamentales: la producción de energías limpias renovables, la eficiencia energética y el ahorro energético, en la iluminación, el uso de electrodomésticos y la calefacción.
Gestión de los residuos. Toda bioconstrucción debe conllevar una estrategia para reintegrar al medio ambiente, de forma benigna, la mayor parte posible de los residuos producidos por sus habitantes. En bioconstrucción, la consigna de las tres erres (reducir, reutilizar y reciclar) se aplica a corto y a largo plazo.
La buena Gestión del aire, garantizando así la respiración del edificio por sus paredes y techos que facilita intercambios de humedad que evita la aparición de manchas. La transpirabilidad del edificio no sólo depende de la construcción, si no también de las pinturas utilizadas. Eligiendo pinturas naturales hechas a base de resinas y aceites naturales, favorecemos un mayor transpiración.